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La oscura destrucción del bosque de Burlada

Nueva tala en Nogalera

Una vez más nos vemos obligados a denunciar una tala de árboles injustificada y oscura. La Mancomunidad de la Comarca de Pamplona con la connivencia del Ayuntamiento de Burlada pasan a la historia por acabar con una de las zonas boscosas más emblemáticas de Burlada, la llamada Nogalera.

Y es curioso como lo hacen: Primero nos invitan (07/09/2018) con poco tiempo para una reunión para el 12/09/2018, con el ambiguo objetivo de reflexionar “sobre la gestión del Parque Fluvial”; eso sí, sin proporcionarnos los elementos de reflexión necesarios para ello, es decir, el supuesto informe técnico que justificaba la tala. Un informe que parece más difícil de conseguir que el sistema de seguridad de la NASA y que no ha habido manera de hallar ni por activa ni por pasiva.

Les contestamos (11/09/2018) que con tiempo y con el informe acudiríamos gustosos a la próxima reunión; y por la espalda, como en los tiempos de UPN, sin volver a convocarnos ni mandarnos, como solicitamos, el acta de dicha reunión ni el mencionado  informe técnico; se produce la tala masiva de árboles de la Nogalera. Adiós pájaros carpinteros y adiós a las especies de vivían al amparo de frondosos chopos de enormes proporciones y con más de 70 años que constituían un verdadero bosque en la ciudad.

Nos parece un despropósito tanto oscurantismo, y, como amantes de la naturaleza y de ese rincón en especial, nos sentimos decepcionados. ¿Para qué se nos invitó con tan altas perspectivas (reflexionar sobre una gestión), si la decisión ya estaba tomada sobre un supuesto informe que no nos proporcionan? La cuestión es que la gestión de la MCP ha sido y es dudosamente clara y razonable. No es clara, porque simplemente nuestra sospecha es que se trata de un informe realizado en la época de UPN (anterior al 2012) donde la gestión era realizada por técnicos bajo la política de la motosierra. En realidad los mismos medios, “por derechos adquiridos” le llamaron, con los que cuenta en la actualidad la MCP del “cambio” (?). Y tampoco es razonable en cuanto a la gestión, dado que dada su falta de respuesta a nuestras consideraciones, se confirma que la invitación no era sino para simular un falso proceso de participación.

Con posterioridad a la citada reunión que mantienen para confirmar la tala, la MCP publica en su web una noticia igualmente poco clara (22/10/2019) que justifica lo que ellos llaman “talas de seguridad”; en base a, según la noticia, “deficiencias directamente relacionadas con el riesgo de caída”. Sin embargo, a nuestro modo de ver, y vistos los resultados tras la tala, por los cortes realizados a los troncos en diferentes alturas; creemos que son evidencias del error cometido, pues los cortes presentan un estado bueno. En un par de ejemplares, hay algún pequeño deterioro, pero ni mucho menos en tal estado de gravedad en cuanto a podredumbre o detrimento alguno que justifique su eliminación. Hacer creer a la gente que los árboles mismos “por su edad” o porque “se encuentran en fase de degradación por lo que presentan riesgo de caída del propio ejemplar” nos parece una exageración construida ad hoc, para justificar el propio informe, y, una forma de sembrar una alarma injustificada que proporcione argumentos para futuras actuaciones. Esos árboles no se iban a caer ni de broma, son árboles con raíces profundas y, en general, por los mencionados cortes, la mayoría presentan una buena consistencia en sus troncos, en sus ramas robustas y gruesas y en los tocones.

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Carta del río Arga

Por Fito Jiménez – Martes, 4 de Septiembre de 2018

Kaixo, vecinas y vecinos. Soy el río Arga y os escribo para confesaros por qué derribé la presa de Santa Engracia y por qué no me parece que el Ayuntamiento de esta gloriosa ciudad la pretenda reconstruir.

Os recordaré que yo ya discurría por estos lugares millones de años antes de que llegárais los humanos con esas ganas de dominar el mundo. Me caísteis bien y la convivencia fue bastante buena durante siglos, siempre me ha gustado sentir a la chavalería bañándose en mis pozas, escuchar las conversaciones de las lavanderas y sentir la adrenalina de los pescadores. Dentro de lo que cabe me respetábais y yo podía seguir siendo río.

Las cosas se fueron poniendo muy feas durante la segunda mitad de vuestro siglo XX, me convertísteis en una cloaca, os empeñásteis en dragar y estrechar mi cauce. Lo que casi me remata fue la construcción de las presas de Sarría, que me arrebataron los rápidos donde yo empezaba a respirar. Y lo que es peor, me dísteis la espalda, os fuísteis a bañar a las piscinas y nadie venía a visitarme a las orillas. Menos mal que hago mis terapias y me desbordo saltando por encima de los diques para recordaros que el terreno inundado también es de un río que sigue vivo. Os confieso que esto de desbordarse me produce una gran alegría, algo parecido a lo que sentís cuando os desbordáis en los Sanfermines, que bien que os oigo.

Afortunadamente, hasta en los peores momentos he mantenido amistades, como la gente de Gares e Iruña que constituyeron Arga bizirik a finales de los 70 y organizaron las bajadas de barcas por mis infectas aguas para denunciar las agresiones a las que me veía sometido. Hoy mis amigos y amigas ya son cuadrilla.

Por ellos me enteré de que en el año 2000 se aprobó la Directiva Marco del Agua. Al parecer no era yo el único río maltratado, había toda una epidemia europea de ríos enfermos. Desde aquel momento hay leyes que nos defienden, aunque no siempre se cumplan y siga habiendo gente que quiere seguir dragándonos y extrayendo todavía más agua. Pero la situación ha mejorado sensiblemente: depuráis parcialmente vuestra mierda antes de verterla en mi cauce, me habéis vuelto a mirar desde el paseo del Arga, me navegáis con barcas y piraguas y hasta la chavalería viene a bañarse con sus gritos de alegría. Ya no me siento tan indefenso.

También me contaron que en otros ríos habían comenzado a derribar presas que estaban en desuso, como muchas de las que soporto. Fue muy buena noticia porque las presas son un sinvivir, los ríos llevamos agua, pero también arrastramos piedras, nos gustan los rápidos donde nos oxigenamos y no queremos que nuestros peces tengan barreras. Para que os hagáis una idea, una presa es como una embolia en vuestras arterias.

Estuve con la ilusión de que me quitaran alguna presa, pero ni por esas. Así que este invierno pasado me tomé la justicia por mi mano y abrí un boquete en la presa de Santa Engracia con el convencimiento de que estaba ahorrando recursos al erario público ya que tarde o temprano tendrían que eliminarla. Por eso estoy muy sorprendido de que el Ayuntamiento de Iruña, lejos de reconocer mi labor, quiera levantarla de nuevo, dicen que provisionalmente, pero me temo eso de provisional para siempre. Lo hacen a petición del club de remo, pero al parecer no han tenido en cuenta la opinión de los amigos de los ríos.

No quiero terminar sin dedicar unas palabras a los remeros. Tengo que confesaros que el deslizamiento de vuestros remos es una mezcla de caricias y cosquillas que hacen estremecer mi sensualidad fluvial. Pero Santa Engracia no es el único lugar para cortejarnos, quedan todavía muchas presas en la Cuenca de Pamplona con buenas láminas de agua, y si necesitáis espacios más amplios os ofrezco Belaskoain en la cola de las presas de Sarría. Y fuera del río tenéis también las balsas de la Morea y de Zolina.

Sin más me despido, esperando el invierno, a ver si abro otro boquete en la presa de San Pedro. Recibid un gran fluvioabrazo de vuestro río, que os quiere, el Arga.

En nombre del río Arga

http://www.noticiasdenavarra.com/2018/09/04/opinion/tribunas/carta-del-rio-arga

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A pedradas con las ardillas

Ocurrió en la Nogalera de Burlada. Como en muchas ocasiones aparecieron un montón de niños y niñas traídos por profesores y profesoras a esta zona del Arga. Habitualmente muchos colegios, incluso de sitios ajenos a Burlada, eligen este lugar para actividades extraescolares; y, habitualmente estas actividades consisten en ejercicios de orientación en el espacio. En esto son poco originales, pues sean colegios públicos o privados siempre se trata de la misma actividad de orientación, como si hubiera un “corta y pega” que va pasando de colegio en colegio a través de la comarca: las mismas fotos, las mismas instrucciones… En rara ocasión, sientan a los niños y niñas en el corro circular del quiosco junto al parque de columpios y sacándoles unos dibujos de animales les explican algunas cosas sobre ellos.

Y así ocurrió que se acabó la actividad y les dieron rienda suelta para que se esparcieran un poco por el bosque. De pronto veo como una cuadrilla de niños y alguna niña tiraba piedras hacia los árboles y me fijo que la diana eran ¡ardillas!; que salía corriendo, claro está, intentando zafarse de la “lapidación”. Súbito, voy corriendo hacia ellos, intento controlar mi enojo y pararles pausadamente pero con firmeza. Un poco les grito. Una niña justifica la acción de los chicos de la cuadrilla con una voz un tanto forzada: “lo ha hecho sin querer” [sic!?].

¿Cómo es que quienes acaban de ser informados, tal vez “concienciados” con valores sobre la naturaleza, inmediatamente después, se lían a pedradas con unas pobres ardillas!!!???  Evidentemente: algo falla. ¿Qué les han contado? ¿Los contenidos de esas materias escolares que se llaman “conocimiento del medio”, “ciencias naturales”, etc. son realmente pedagógicos?  ¿Pudiera ser, tal vez, que entre lo que les dicen y lo que ven no hubiera una ligazón suficiente? ¿Se debe a la lógica demasiado abstracta de la materia? Me refiero a que si te enseñan una cartulina con un dibujo de una ardilla, te dicen que es de una especie con un nombre raro, que vive en no sé qué hábitat y demás; pudiera parecer una ardilla demasiado genérica, finalmente un simple dibujo (en el arte: “Esto no es una pipa”, ¿me siguen?). La ardilla con nombre y apellidos es la ardilla burladesa de Nogalera, esa ardilla que vemos todos los días y que vive en esas condiciones y no en otras, y, a la que hay que proteger de la tala, de las piedras, de la contaminación y, en ocasiones, de los perros. Es decir, que pudiera ser que estos textos educativos pecaran de abstracción y tal vez debieran estar referidos a nuestro concreto hábitat local, del que respiramos y vivimos, con sus nombres y apellidos, los nuestros: “Iturriapurria” (hidrónimo de uno de los mugarris de la comarca protegido gracias a IKA), las “Ardillas Nogaleras, los viejos chopos lombardos “afincados” allí hace 70 años y no otros, etc. Seres vivos concretos y personalísimos. No es la primera vez que educadores describen esta situación: recuérdese la creencia de algunos adolescentes de que la leche viene del tetrabrik. Según parece, la educación cuanto más “tierra” mejor. ¿Guarda relación lo que me enseñan con la vida? ¿Con mi vida? ¿Con mi entorno? ¿Dónde está lo natural en nuestra vida cotidiana?

Es por eso, que queríamos recordar en esta entrada un hermoso trabajo de Víctor Iraola Calvo, Lucía Esteban Fernández y Carolina Patón Benitez con diseño de Luis Martorell, publicado por el Ayuntamiento de Pamplona (2002), precisamente enfocado en el medio ambiente local. También nos preguntamos cómo es que iniciativas de educación ambiental tan estupendas como Natureskola de Berriozar son premiadas “en el extranjero” y no “en casa”; creemos que deberían recibir más apoyo del que reciben por parte del Gobierno de Navarra, la Mancomunidad o incluso los ayuntamientos de la comarca. Su labor es del todo necesaria y no solamente entre los adolescentes, una educación ambiental a los adultos no estaría nada de mal. Por ejemplo y sintiendo mucho el atrevimiento de la sugerencia, a los trabajadores de Arvena, cuyas conversaciones con respecto a la naturaleza de la Nogalera son más parecidas a la mentalidad de “todo el bosque es leña” que a la del cuidado y respeto por el medio ambiente. Me parece que en los exámenes para trabajos de jardinería deberían incluirse valores sobre el medio ambiente para evitar “cuelgaboinas”.

Los niños y niñas ya se han ido y han dejado el parque infantil regado con una alfombra de papelitos de caramelos que recojo y ofrezco amablemente a los monitores pensando en un próximo y “concreto” ejercicio pedagógico sobre ecología de nuestra abuela (“No es limpio el que limpia, sino el que no ensucia”). Otro tema de clase sin duda: el refugio o la chabola a las orillas del Arga y las barcas piratas, que son divertidas y necesarias, pero cuyas plásticos y demás contaminan si no se recogen.

Bitor, desde hace más de 20 año visitante habitual de la Nogalera de Burlada.

 

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Ecoembes: ¿por qué nos mientes?

Por Alberto Vizcaíno López – Miércoles, 5 de Septiembre de 2018

* Es autor del blog Productor de Sostenibilidad.

Si te pregunto cuánto y cómo se recicla en España seguramente me contestarás que mucho y muy bien. Podrías basar tu argumentación en titulares de prensa en los que se habla de cifras de reciclaje cercanas al 80%. Si, a continuación, te pregunto por alguno de los problemas de tu ciudad seguramente me hablarías de la suciedad, de las calles llenas de latas de bebidas y otros residuos abandonados. También de los plásticos que contaminan la naturaleza y los ecosistemas marinos. ¿Cómo es posible que reciclemos tanto y tan bien y luego tengamos tantos problemas relacionados con el impacto de los residuos de envases de usar y tirar?

No quiero desilusionarte, es más, te animo a que sigas separando tus residuos y entregándolos en los contenedores de colores. Sin tu participación en el sistema de recogida separada no sería posible recuperar y reciclar los residuos. Pero algo no estamos haciendo del todo bien.

Uno de los primeros pasos, y quizá uno de los más importantes, a la hora de resolver un problema es conocerlo bien y dimensionarlo adecuadamente. Y aquí es donde estamos fallando en materia de gestión de residuos.

Gestionamos sin datos ¿Cuántos envases se ponen en el mercado? ¿Cuántos se recogen? ¿Cuántos se reciclan? Si me tengo que fiar de los titulares de prensa resulta que estamos reciclando cerca del 80% de los envases. Analizando los datos oficiales llegamos a otras conclusiones. Estudios independientes muestran que apenas estamos reciclando un 30% del total de los envases comercializados. ¿Quién lleva razón? Hagamos un sencillo experimento.

¿Has mirado cuanto ocupan los residuos que generas en tu casa? ¿Te has parado a comparar el volumen de envases y el resto de los residuos? ¿Qué pasa cuando sales a la calle con la basura? En un hogar español medio, los envases vacíos suponen más de la mitad de la bolsa de basura. Pero cuando queremos depositar nuestros residuos encontramos que la proporción de contenedores no se corresponde con esta realidad física.

Si la dotación de contenedores para la recogida selectiva no es adecuada para la cantidad de residuos que generamos ¿cómo es posible que estemos reciclando mucho y muy bien? No es posible. Por ejemplo, gracias a la tramitación de la nueva Estrategia de Gestión Sostenible de los Residuos de la Comunidad de Madrid, sabemos que el contenedor amarillo sólo recoge el 28,39% de los residuos de envases ligeros, mientras que el otro 65,81% en la bolsa resto.

¿Puede reciclar la Comunidad de Madrid el 70% de sus residuos de envases si apenas un 30% se destina a un tratamiento específico de clasificación y recuperación? Difícilmente. La cuestión es peor en otras comunidades autónomas donde cerca del 80% de los residuos de envases recogidos acaban directamente en vertedero.

Si tienes la percepción de que el reciclaje se acerca a tasas del 80% es por el control de la información que ejerce Ecoembes, Ecoembalajes España S. A., esa rara organización con personalidad jurídica en forma de sociedad anónima sin ánimo de lucro que dice velar por el medio ambiente. El presupuesto que esta entidad, sus accionistas y las empresas adheridas a su sistema integrado de gestión de envases destinan a publicidad les permite controlar la información que se publica sobre residuos.

Y es que en vez de mejorar la dotación de contenedores o facilitar recursos para que los ayuntamientos puedan recoger todos los envases que acaban abandonados en calles, plazas, parques y jardines, Ecoembes ha visto, de un tiempo a esta parte, que le sale más rentable gastarse el dinero de todos los consumidores en lo que llama educación y concienciación ambiental.

Campañas como Recicla y Respira, para la que la empresa ha cogido una congestionada avenida de Pekín, ha difuminado los árboles de los laterales en grisáceas nubes de contaminación y ha cambiado el color y los textos de los letreros para que el lugar parezca una calle de una ciudad española.

Anuncios en los que afirma que depositando 6 latas en el contenedor amarillo podemos contrarrestar la contaminación que emite un tubo de escape durante 10 minutos, como si el proceso de recoger el contendor, llevarlo a una planta de clasificación, procesar los materiales, separarlos, enviarlos a tratamiento y, finalmente, transportarlos hasta una fábrica que los utilice como materia prima no generase emisiones. Diez minutos es lo que tardas en llegar al centro comercial, propiedad de una corporación multinacional adherida a Ecoembes, cuando vas en coche.

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De nuevo la tala masiva de árboles en la Nogalera de Burlada

En relación a la respuesta de la MCP en el Diario de Navarra (10/08/2018) nos gustaría transmitir las siguientes consideraciones:

En primer lugar, es de agradecer que la MCP se preste a una respuesta pública a través de un medio de comunicación; no obstante, creemos que el vecindario del Arga se merece una comunicación directa a través de medios públicos o sociales.

Las razones de la MCP para la tala nos parecen débiles y poco justificadas. Hacen referencia a un estudio del que no conseguimos tener más información, según el cual se aconseja este tipo de intervenciones para evitar el riesgo de caída de las ramas. Según ese estudio, 17 de los chopos presentan deficiencias por las que han determinado que lo más conveniente es eliminarlos de raíz.

Los vecinos y vecinas que hemos crecido en Burlada o disfrutamos de la Nogalera hemos podido comprobar la evolución de este bosque a lo largo de los años. De ser una zona frondosa, salvaje, en algunos sitios hasta intransitable, ha pasado a convertirse en un lugar mucho más urbanizado aunque todavía agradable y en contacto con la naturaleza. Esos árboles “viejos” han estado siempre ahí desde que tenemos memoria (unos 70 años), se les han caído ramas, algunos han enfermado y han sanado, la gran mayoría ha sobrevivido a olas de calor, riadas, tormentas; pero parece que a lo único que no van a sobrevivir es a los “estudios” de la MCP, que llevan a una nueva “tala de seguridad” injustificada. De no ser así, ¿por qué no presentan los datos de ese estudio para que todos podamos opinar cuál es la mejor actuación para una zona que es de todos, para uso y disfrute común? ¿Podrían colgarlo en su web, por favor, o es un informe secreto?

“Tala de seguridad”: ¿hay algo menos conservacionista que estos conceptos inventados por la propia MCP?

Para algunos son sólo árboles, 17 hoy, más de 20 hace relativamente poco tiempo…, así vamos sumando y reducimos la Nogalera a un parque con hierba y algún que otro árbol pequeño, algo que MCP considera una “masa arbolada” que va creciendo. ¡Cuán engañoso es el lenguaje! Como cuando dicen: crear un pantano; pero no dicen: expropiar y desalojar pueblos enteros. Dicen: producir petróleo; pero ¡el petróleo no se produce!, ¡se extrae!.

Poco a poco, van desapareciendo árboles veteranos y grandes del entorno con una capacidad ecológica enorme. Las especies animales de la zona dependen de estos árboles grandes, necesarios para mantener el ecosistema de la Nogalera en su equilibrio. Volvemos a hacer referencia al ingeniero forestal y experto en bosques y árboles Peter Wohlleben, quien afirma que nuestra gestión supuestamente “rejuvenecedora” de los bosques es, a día de hoy, errónea.

Necesitamos árboles grandes, árboles viejos, son éstos árboles los que nos dan el oxígeno que necesitamos y nos protegen de importantes contaminantes que nos rodean. Como amantes de la naturaleza, ya ni siquiera pedimos que se les respete por lo que son, seres vivos con complejas relaciones “sociales” entre ellos, pedimos que no se los elimine aunque sólo sea por nuestro propio beneficio. ¿De verdad el riesgo a que caiga una rama de vez en cuando es suficiente motivo para poner en peligro nuestra salud y la de futuras generaciones?

Seguimos en la era industrial: cemento y motosierra.

Maika Soto Muro y Bittor Abarzuza Fontellas

Vecinos del Arga

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Sobre la tala masiva de árboles de La Nogalera

Los vecinos y vecinas de Burlada vemos con disgusto e indignación que una vez más la MCP se dispone a talar 17 árboles enormes. Hace tiempo fueron otros tantos y hace unos pocos años una tacada parecida. Poco a poco lo que era un hermoso bosque se está quedando desolado. La razón esgrimida para ello es la caída de ramas y el riesgo que corremos el vecindario.

Con el argumento de que no hay otra alternativa de seguridad que la tala, nos cargamos un ecosistema detrás de otro. Allá donde deja su huella el ser humano, allá que habrá que primar su supuesta seguridad transformando el medio ambiente. ¿No es lo que se viene haciéndose desde la era industrial? ¿No sería más precavido restringir el acceso en los días de fuertes vientos o podar con racionalidad algunas ramas a punto de desprenderse? El caso es suprimir árboles grandes y frondosos, con sus propios ecosistemas, sustituyéndolos por árboles pequeños con ecosistemas diferentes. ¿No será que el motivo es más bien el ahorro en tareas de limpieza, de poda sostenible, de mantenimiento y gestión forestal? Lógicamente, cuanta más tala, más inseguridad; dado que los árboles que quedan están más aislados y las ramas que puedan caer con los vientos, en lugar de quedarse entrelazadas entre ramas de árboles contiguos, caerán libremente al suelo. Y cuanto más aislados están los árboles, menos posibilidades de un desarrollo adecuado, ya solo por el hecho de que al no compartir raíces con árboles hermanos, su alimentación puede ser más precaria.

A nuestro modo de entender lo que está en riesgo es el hábitat de pájaros carpinteros, abubillas, ardillas, la infinidad de pequeños pájaros y especies de murciélagos, además de la inmensa variedad  de insectos; más la eficacia ecológica en la absorción de CO2 de árboles casi centenarios. Los árboles eliminan el dióxido de carbono de la atmósfera, y esta es la razón por la que preservar los bosques viejos es una parte muy importante en cualquier intento de mitigar el cambio climático. Expertos como el ingeniero forestal de renombre internacional Peter Wohlleben afirman con investigaciones científicas que los árboles viejos son mucho más productivos que los jóvenes, e importantes aliados contra el cambio climático. Es por eso que, en su opinión, “revitalizar” los bosques es un error. Un árbol viejo no es sinónimo de árbol enfermo. En estos días especialmente calurosos podemos disfrutar del gran frescor que proporciona el abrigo de estos frondosos árboles. Y no se debe únicamente a la sombra que nos proporcionan. Los árboles toman agua de la tierra y esta agua es, en gran parte, evaporada a través de las hojas, lo que provoca esa gran sensación de frescor. Los árboles pequeños, con sus escasas hojas no tienen el mismo efecto, aunque se planten en grandes cantidades. Los árboles también eliminan contaminantes como el ozono y el óxido nítrico de la atmósfera; la cantidad absorbida depende de la superficie de la hoja. Por eso, los árboles grandes son mucho más efectivos en la limpieza de estos contaminantes. En fin, hay bastantes razones para sostener que la sustitución de árboles frondosos y veteranos por árboles pequeños no es una política medioambientalista y conservacionista convincente, y mucho menos, con el peregrino argumento de la seguridad de los viandantes. Bajo ese argumento, una tanto engañoso, habría que talar incluso el Amazonas, toda vez que siempre hay presencia humana en peligro de que alguna rama te caiga encima. Es de Perogrullo decirlo, en días de tormenta, el sentido común es el mejor casco de seguridad. No matamos a las abejas en masa porque nos piquen.

Nosotros creemos que la seguridad no está reñida con la conservación de los espacios naturales. Vemos, con inquietud, que se sigue una política intrusiva; y solicitábamos, con el cambio político, una justamente menos agresiva y más conservacionista. Se sigue sacando con demasiada facilidad la motosierra, antes que pensar en medidas más protectoras del entorno natural. ¿Hay algún informe que avale que los árboles pequeños que instala la MCP cubren la gran riqueza o diversidad que cubren los bosques de árboles frondosos? ¿Qué informes realmente medioambientales, biológicos y zoológicos justifican la tala de árboles de semejante porte y riqueza medioambiental?

¿De quién es el bosque? Que la MCP ejecute su política en nombre del vecindario sin realmente plantear al vecindario las cuestiones relativas al bosque, nos parece, cuando menos, desacertado. Agradecemos su preocupación por la seguridad de las personas, pero creemos que la seguridad como prioridad no es un ámbito que realmente pertenezca a la Mancomunidad (vemos más lógica esa priorización en un departamento de interior), pues suponíamos que esta institución tenía un sesgo más medioambientalista. Solicitamos desde estas líneas que la MCP coteje la opinión de la corporación local de Burlada, de sus asociaciones ecologistas y vecinales y su vecindario en general, antes de actuar de nuevo con ese tesoro forestal. Que piense dos veces lo que puede suceder con esta nueva tala, un golpe ya definitivo para cambiar radicalmente el ecosistema, el aspecto y los valores asociados al lugar de la Nogalera. El bosque es de todos.

Bitor Abarzuza Fontellas y Maika Soto Muro

Vecinos del Arga

Ahotsa.info

 Artículo Ahotsa.info 

 

Naiz irritzia Artículo naiz.eus

 

Artículo Noticias de Navarra.com

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No recuperemos la presa, que el Arga siga su camino

Por Daniel García Mina – Miércoles, 1 de Agosto de 2018

Últimamente se ha afirmado que se va a reconstruir la presa de Santa Engracia en el río Arga a su paso por la Rotxapea. Una presa en desuso que reventó durante el invierno y que deja pasar el agua que antes estaba retenida. Para ello, parece que se ha tomado el movimiento de un único colectivo (relacionado con el remo), con intereses muy particulares, para considerar su punto de vista como justificación suficiente.

Es lamentable que el gran esfuerzo que se está haciendo para recuperar nuestros maltrechos ríos en toda Navarra se vea ahora entorpecido por la posible recuperación de una de las presas de la capital que ya no tiene utilidad alguna. Otra vez miramos intereses particulares y dejamos lo medioambiental a un lado, y es que hay que tener en cuenta que, medioambientalmente, la rotura de la presa es buena por varios motivos.

La desaparición de la presa permite el transporte de sedimentos, así como que el río divague erosionando y depositando, generando nuevos hábitats;es decir, deja hacer al río lo que tiene que hacer. Además, permite el remonte de peces río arriba, como por ejemplo la trucha, el barbo o la madrilla, muchas de ellas especies endémicas de la Cuenca del Ebro. También, las aguas estancadas y profundas son el hábitat perfecto para especies exóticas invasoras como carpas, peces gatos, alburnos o siluros, que han llegado de la mano del hombre desde otros continentes y que compiten con las anteriormente citadas, desplazándolas y haciéndolas desaparecer. Por ello, si desaparece la presa, estas especies exóticas se ven perjudicadas, ya que necesitan de remansos y aguas calmadas para su vida, y de la misma forma las autóctonas se verán beneficiadas.

Igualmente, al no haber retención de agua, el bosque de galería podría cerrarse y crear mas sombra, reduciendo así la insolación y superficie de absorción de luz que se traduce en menor calentamiento del agua, produciéndose así bosques de galería beneficiosos para la nutria y para el visón europeo, especie en gravísimo peligro de extinción.

Además el río presenta, especialmente en época estival, cuando el caudal está bajo mínimos, un gran problema de contaminación orgánica. Ello ocasiona la caída de la concentración de oxígeno del agua, y cuando aparecen estas situaciones de escasez de oxígeno fermentan gases a los que las comunidades dulceacuícolas son especialmente sensibles.

Y aunque en verano seguramente quede un hilo de agua y prácticamente se seque, es un proceso natural por el que no nos tenemos que preocupar. El río es un elemento vivo que fluctúa a lo largo del año y que funciona muy bien como ecosistema aunque a nosotros nos pueda parecer que no. Igual que un árbol seco es fuente de vida en un bosque (con cientos de insectos que viven en él y que se alimentan de madera, oquedades para que vivan pequeños mamíferos y aniden diferentes aves, es soporte de líquenes y hongos, e incluso pajarillos lo utilizan como fuente de alimento), un río seco sin apenas agua es naturaleza pura y dura y también está lleno de vida. Estéticamente puede llamarnos la atención, pero no siempre lo más bonito es ni lo mejor ni lo correcto. En el caso del río, que se seque es lo natural.

Así que, aunque choque con intereses de ocio o paisajístico, dejemos al río que siga su camino. Por una vez hagamos caso a la naturaleza, y dejemos que el Arga vaya por donde tiene que ir y como tiene que hacerlo. Una presa menos, mucha más vida.

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Rotura de la presa de Santa Engracia (16-5-2018)
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