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Mes: agosto 2018

De nuevo la tala masiva de árboles en la Nogalera de Burlada

En relación a la respuesta de la MCP en el Diario de Navarra (10/08/2018) nos gustaría transmitir las siguientes consideraciones:

En primer lugar, es de agradecer que la MCP se preste a una respuesta pública a través de un medio de comunicación; no obstante, creemos que el vecindario del Arga se merece una comunicación directa a través de medios públicos o sociales.

Las razones de la MCP para la tala nos parecen débiles y poco justificadas. Hacen referencia a un estudio del que no conseguimos tener más información, según el cual se aconseja este tipo de intervenciones para evitar el riesgo de caída de las ramas. Según ese estudio, 17 de los chopos presentan deficiencias por las que han determinado que lo más conveniente es eliminarlos de raíz.

Los vecinos y vecinas que hemos crecido en Burlada o disfrutamos de la Nogalera hemos podido comprobar la evolución de este bosque a lo largo de los años. De ser una zona frondosa, salvaje, en algunos sitios hasta intransitable, ha pasado a convertirse en un lugar mucho más urbanizado aunque todavía agradable y en contacto con la naturaleza. Esos árboles “viejos” han estado siempre ahí desde que tenemos memoria (unos 70 años), se les han caído ramas, algunos han enfermado y han sanado, la gran mayoría ha sobrevivido a olas de calor, riadas, tormentas; pero parece que a lo único que no van a sobrevivir es a los “estudios” de la MCP, que llevan a una nueva “tala de seguridad” injustificada. De no ser así, ¿por qué no presentan los datos de ese estudio para que todos podamos opinar cuál es la mejor actuación para una zona que es de todos, para uso y disfrute común? ¿Podrían colgarlo en su web, por favor, o es un informe secreto?

“Tala de seguridad”: ¿hay algo menos conservacionista que estos conceptos inventados por la propia MCP?

Para algunos son sólo árboles, 17 hoy, más de 20 hace relativamente poco tiempo…, así vamos sumando y reducimos la Nogalera a un parque con hierba y algún que otro árbol pequeño, algo que MCP considera una “masa arbolada” que va creciendo. ¡Cuán engañoso es el lenguaje! Como cuando dicen: crear un pantano; pero no dicen: expropiar y desalojar pueblos enteros. Dicen: producir petróleo; pero ¡el petróleo no se produce!, ¡se extrae!.

Poco a poco, van desapareciendo árboles veteranos y grandes del entorno con una capacidad ecológica enorme. Las especies animales de la zona dependen de estos árboles grandes, necesarios para mantener el ecosistema de la Nogalera en su equilibrio. Volvemos a hacer referencia al ingeniero forestal y experto en bosques y árboles Peter Wohlleben, quien afirma que nuestra gestión supuestamente “rejuvenecedora” de los bosques es, a día de hoy, errónea.

Necesitamos árboles grandes, árboles viejos, son éstos árboles los que nos dan el oxígeno que necesitamos y nos protegen de importantes contaminantes que nos rodean. Como amantes de la naturaleza, ya ni siquiera pedimos que se les respete por lo que son, seres vivos con complejas relaciones “sociales” entre ellos, pedimos que no se los elimine aunque sólo sea por nuestro propio beneficio. ¿De verdad el riesgo a que caiga una rama de vez en cuando es suficiente motivo para poner en peligro nuestra salud y la de futuras generaciones?

Seguimos en la era industrial: cemento y motosierra.

Maika Soto Muro y Bittor Abarzuza Fontellas

Vecinos del Arga

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Sobre la tala masiva de árboles de La Nogalera

Los vecinos y vecinas de Burlada vemos con disgusto e indignación que una vez más la MCP se dispone a talar 17 árboles enormes. Hace tiempo fueron otros tantos y hace unos pocos años una tacada parecida. Poco a poco lo que era un hermoso bosque se está quedando desolado. La razón esgrimida para ello es la caída de ramas y el riesgo que corremos el vecindario.

Con el argumento de que no hay otra alternativa de seguridad que la tala, nos cargamos un ecosistema detrás de otro. Allá donde deja su huella el ser humano, allá que habrá que primar su supuesta seguridad transformando el medio ambiente. ¿No es lo que se viene haciéndose desde la era industrial? ¿No sería más precavido restringir el acceso en los días de fuertes vientos o podar con racionalidad algunas ramas a punto de desprenderse? El caso es suprimir árboles grandes y frondosos, con sus propios ecosistemas, sustituyéndolos por árboles pequeños con ecosistemas diferentes. ¿No será que el motivo es más bien el ahorro en tareas de limpieza, de poda sostenible, de mantenimiento y gestión forestal? Lógicamente, cuanta más tala, más inseguridad; dado que los árboles que quedan están más aislados y las ramas que puedan caer con los vientos, en lugar de quedarse entrelazadas entre ramas de árboles contiguos, caerán libremente al suelo. Y cuanto más aislados están los árboles, menos posibilidades de un desarrollo adecuado, ya solo por el hecho de que al no compartir raíces con árboles hermanos, su alimentación puede ser más precaria.

A nuestro modo de entender lo que está en riesgo es el hábitat de pájaros carpinteros, abubillas, ardillas, la infinidad de pequeños pájaros y especies de murciélagos, además de la inmensa variedad  de insectos; más la eficacia ecológica en la absorción de CO2 de árboles casi centenarios. Los árboles eliminan el dióxido de carbono de la atmósfera, y esta es la razón por la que preservar los bosques viejos es una parte muy importante en cualquier intento de mitigar el cambio climático. Expertos como el ingeniero forestal de renombre internacional Peter Wohlleben afirman con investigaciones científicas que los árboles viejos son mucho más productivos que los jóvenes, e importantes aliados contra el cambio climático. Es por eso que, en su opinión, “revitalizar” los bosques es un error. Un árbol viejo no es sinónimo de árbol enfermo. En estos días especialmente calurosos podemos disfrutar del gran frescor que proporciona el abrigo de estos frondosos árboles. Y no se debe únicamente a la sombra que nos proporcionan. Los árboles toman agua de la tierra y esta agua es, en gran parte, evaporada a través de las hojas, lo que provoca esa gran sensación de frescor. Los árboles pequeños, con sus escasas hojas no tienen el mismo efecto, aunque se planten en grandes cantidades. Los árboles también eliminan contaminantes como el ozono y el óxido nítrico de la atmósfera; la cantidad absorbida depende de la superficie de la hoja. Por eso, los árboles grandes son mucho más efectivos en la limpieza de estos contaminantes. En fin, hay bastantes razones para sostener que la sustitución de árboles frondosos y veteranos por árboles pequeños no es una política medioambientalista y conservacionista convincente, y mucho menos, con el peregrino argumento de la seguridad de los viandantes. Bajo ese argumento, una tanto engañoso, habría que talar incluso el Amazonas, toda vez que siempre hay presencia humana en peligro de que alguna rama te caiga encima. Es de Perogrullo decirlo, en días de tormenta, el sentido común es el mejor casco de seguridad. No matamos a las abejas en masa porque nos piquen.

Nosotros creemos que la seguridad no está reñida con la conservación de los espacios naturales. Vemos, con inquietud, que se sigue una política intrusiva; y solicitábamos, con el cambio político, una justamente menos agresiva y más conservacionista. Se sigue sacando con demasiada facilidad la motosierra, antes que pensar en medidas más protectoras del entorno natural. ¿Hay algún informe que avale que los árboles pequeños que instala la MCP cubren la gran riqueza o diversidad que cubren los bosques de árboles frondosos? ¿Qué informes realmente medioambientales, biológicos y zoológicos justifican la tala de árboles de semejante porte y riqueza medioambiental?

¿De quién es el bosque? Que la MCP ejecute su política en nombre del vecindario sin realmente plantear al vecindario las cuestiones relativas al bosque, nos parece, cuando menos, desacertado. Agradecemos su preocupación por la seguridad de las personas, pero creemos que la seguridad como prioridad no es un ámbito que realmente pertenezca a la Mancomunidad (vemos más lógica esa priorización en un departamento de interior), pues suponíamos que esta institución tenía un sesgo más medioambientalista. Solicitamos desde estas líneas que la MCP coteje la opinión de la corporación local de Burlada, de sus asociaciones ecologistas y vecinales y su vecindario en general, antes de actuar de nuevo con ese tesoro forestal. Que piense dos veces lo que puede suceder con esta nueva tala, un golpe ya definitivo para cambiar radicalmente el ecosistema, el aspecto y los valores asociados al lugar de la Nogalera. El bosque es de todos.

Bitor Abarzuza Fontellas y Maika Soto Muro

Vecinos del Arga

Ahotsa.info

 Artículo Ahotsa.info 

 

Naiz irritzia Artículo naiz.eus

 

Artículo Noticias de Navarra.com

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No recuperemos la presa, que el Arga siga su camino

Por Daniel García Mina – Miércoles, 1 de Agosto de 2018

Últimamente se ha afirmado que se va a reconstruir la presa de Santa Engracia en el río Arga a su paso por la Rotxapea. Una presa en desuso que reventó durante el invierno y que deja pasar el agua que antes estaba retenida. Para ello, parece que se ha tomado el movimiento de un único colectivo (relacionado con el remo), con intereses muy particulares, para considerar su punto de vista como justificación suficiente.

Es lamentable que el gran esfuerzo que se está haciendo para recuperar nuestros maltrechos ríos en toda Navarra se vea ahora entorpecido por la posible recuperación de una de las presas de la capital que ya no tiene utilidad alguna. Otra vez miramos intereses particulares y dejamos lo medioambiental a un lado, y es que hay que tener en cuenta que, medioambientalmente, la rotura de la presa es buena por varios motivos.

La desaparición de la presa permite el transporte de sedimentos, así como que el río divague erosionando y depositando, generando nuevos hábitats;es decir, deja hacer al río lo que tiene que hacer. Además, permite el remonte de peces río arriba, como por ejemplo la trucha, el barbo o la madrilla, muchas de ellas especies endémicas de la Cuenca del Ebro. También, las aguas estancadas y profundas son el hábitat perfecto para especies exóticas invasoras como carpas, peces gatos, alburnos o siluros, que han llegado de la mano del hombre desde otros continentes y que compiten con las anteriormente citadas, desplazándolas y haciéndolas desaparecer. Por ello, si desaparece la presa, estas especies exóticas se ven perjudicadas, ya que necesitan de remansos y aguas calmadas para su vida, y de la misma forma las autóctonas se verán beneficiadas.

Igualmente, al no haber retención de agua, el bosque de galería podría cerrarse y crear mas sombra, reduciendo así la insolación y superficie de absorción de luz que se traduce en menor calentamiento del agua, produciéndose así bosques de galería beneficiosos para la nutria y para el visón europeo, especie en gravísimo peligro de extinción.

Además el río presenta, especialmente en época estival, cuando el caudal está bajo mínimos, un gran problema de contaminación orgánica. Ello ocasiona la caída de la concentración de oxígeno del agua, y cuando aparecen estas situaciones de escasez de oxígeno fermentan gases a los que las comunidades dulceacuícolas son especialmente sensibles.

Y aunque en verano seguramente quede un hilo de agua y prácticamente se seque, es un proceso natural por el que no nos tenemos que preocupar. El río es un elemento vivo que fluctúa a lo largo del año y que funciona muy bien como ecosistema aunque a nosotros nos pueda parecer que no. Igual que un árbol seco es fuente de vida en un bosque (con cientos de insectos que viven en él y que se alimentan de madera, oquedades para que vivan pequeños mamíferos y aniden diferentes aves, es soporte de líquenes y hongos, e incluso pajarillos lo utilizan como fuente de alimento), un río seco sin apenas agua es naturaleza pura y dura y también está lleno de vida. Estéticamente puede llamarnos la atención, pero no siempre lo más bonito es ni lo mejor ni lo correcto. En el caso del río, que se seque es lo natural.

Así que, aunque choque con intereses de ocio o paisajístico, dejemos al río que siga su camino. Por una vez hagamos caso a la naturaleza, y dejemos que el Arga vaya por donde tiene que ir y como tiene que hacerlo. Una presa menos, mucha más vida.

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Rotura de la presa de Santa Engracia (16-5-2018)
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